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Mercedes Roffé o “las linternas flotantes”

Nació en Buenos Aires. Poeta y ensayista. Publicados originalmente en España y Latinoamérica, sus libros se publicaron en traducción en Italia, Quebec, Rumania, Francia, Brasil, Inglaterra, Líbano y Estados Unidos. En 2018 Monte Ávila publica la antología de su obra Mansión nocturna. Es autora de dos libros de micro-ensayos: Glosa continua. Ensayos de poética (Excursiones, 2018) y Prosas fugaces (Las Furias, 2022). Desde 1998 dirige Ediciones Pen Press. En 2021 obtuvo el Premio a la Trayectoria de la Fundación Casa Bukowski Internacional y en 2023, el Premio Dámaso Alonso, de la Academia de Bellas Letras de Madrid. Recibió asimismo las becas John Simon Guggenheim (2001) y Civitella Ranieri (2012)

El asaltante nos trae voces vivas de la poesía argentina. Cada poeta nos acerca, además de poemas, su visión de la poesía.

 

POÉTICA

Mi poética se ha basado desde muy temprano en la intuición de que no hay poema fuera del tejido de relaciones que una palabra establece con otras, no solamente en un orden sintagmático, horizontal —cuyo efecto inmediato sería la sonoridad, las rimas y los ecos interiores, el pulso, el tempo, el ritmo del poema—, sino también en un orden o reino de ausencias, en el eje de lo que no está allí a menos que se lo invoque. No el referente, no la cosa ni el concepto de la cosa; sino el campo de ocurrencias de esas mismas palabras, ecos, ritmos, traducciones, tal como es probable que hayan quedado grabadas —ellas especialmente— en la memoria del o la poeta —y sus lectores.

Esa tarea de evocación e invocación, de rescate y reclamo es, a mi entender, el primer trabajo del poema. Es, asimismo, la manera —una manera al menos— en que el poema se enraiza tanto en la historia como en la comunidad. La manera en que el poema reactiva, conmueve, corrige, acota, subvierte el pasado, haciéndose cargo e inscribiendo su propio presente, de modo que ambos, pasado y presente, resulten convocados simultáneamente, al unísono, en la experiencia de lectura.

En oposición a esta poética, pienso, ubicaría algo que daría en  describir con el oxímoron «el texto plano», el texto que se pretende autosuficiente, ajeno e independiente de tradición alguna; el texto que lamentablemente —y precisamente en razón de ello— no levanta cabeza de la página, no alza vuelo, no da ocasión a que los milenios, esos milenios que le precedieron y a los que bien les debe (al menos) su voluntad de existir, vuelvan a vibrar de manera alguna gracias a él en la memoria de la especie.

Es obvio que no hablo de citas. Hablo de resonancias, errores de la memoria, transgresiones y tergiversaciones de algún modo iluminadoras de ese doble tiempo que confluye en el poema.

Lo que se ha ido ampliando, reafirmando, de una etapa a otra, de un libro a otro, tal vez no sea sino el interés por lograr una poética cada vez más flexible, más abarcadora, una lírica donde —como en el sueño del aleph— tengan cabida las más diversas maneras de concebir y consumar el poema.

Mercedes Roffé

 

Muestrario mínimo

Situación para curar a un enfermo

invitad gente. invitadlos a todos. a una fiesta. una gran fiesta.

y si el enfermo no quiere salir de la cama, dejadlo, que no salga.

y que haya música y bailes, y cantos y pasteles.

y si el enfermo no quiere bailar, dejadlo, que no baile.

y si el enfermo no quiere cantar, dejadlo, que no cante.

y si el enfermo no quiere comer, dejadlo, que no coma, que no beba.

pero que haya ruido en la casa. y mucha gente.

y que se cuenten cuentos y memorias, y fábulas y acertijos

y si el enfermo no puede o no quiere decir nada, dejadlo

–que no hable, que no ría, no recuerde.

pero traed gente a la casa, al jardín de la casa, a la posada, al pueblo

que en la casa haya ruido, mucho ruido. mucha, mucha gente.

y al terminar la fiesta, dos o tres días después, las mujeres

echen todo lo que haya sobrado del banquete en el hueco de una sábana

grandes sábanas bordadas. de preferencia blancas, muy blancas.

de preferencia bordadas.

echen allí los pasteles, las almendras, los higos, las nueces, las castañas,

las moras y las masas hechas, las pastas y los panes, los zumos y los vinos

que lo lleven al río, entre seis, entre cuatro

que lleven la sábana al río, con sus bienes, sus frutos, sus pasteles,

por el bulevar que bajen, las cuatro, las seis al río, varias veces,

y echen todo a la corriente, las sobras del festín, el vino, el agua, el zumo,

las almendras, los higos

y arrojen todo al río, a la corriente

 

Las linternas flotantes

I.

Porque el Ángel vigila.

Vela.

Alerta está sobre un costado del hombre.

Ángel-lechuza.

Sutil está.

Ve sin ser visto.

Trabaja.

Los ángeles trabajan.

A veces

una bala perdida los hiere

–primero a ellos–

luego se abre camino y mata.

Ángel dormido.

Desvaneciente.

Ala herida.

Gotas de sangre-alma.

Vigila.

Vela.

Alerta.

Sutil está

sin ser visto.

Sobrevolando el hilo de la vida.

Sutil el hilo

el ala.

Transparencias.

Nervaduras de aliento-vida

Sombra blanca sobre tierra blanca

contra blanco muro de agua transparente.

Crece el jazmín y se abre

en su blanco bienoliente.

Vida sutil    el Ángel se corona

de blanco bienoliente y se abre

jazmín alado a un costado de tu hombro.

Vida sutil.

Susurro

    de aguas transparentes.

Música es 

aquello que bendice.

Silencio bendecido y coronado

de gotas bienolientes.

Cristal del mundo

Cristal-aleph que encierra –libre–

todo lo que debía haber sido

todo lo que, en algún lugar, (se) es.

Lugar otro, devenir de lo exacto-destinado.

La vida es el sueño de un ángel

herido en su costado;

en su ala 

transparente y perfecta.

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