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Conferencia de seguridad de Munich: ¿Mundo en destrucción?

Por Eduardo A. Varela (*)

Por El Litoral

Martes, 24 de febrero de 2026 a las 19:23

Entre el 13 y el 15 de febrero se llevó a cabo la 62ª Conferencia de Seguridad de Munich (CSM). Como es habitual, el foro congregó a altas autoridades europeas y globales, junto a analistas y académicos de primer nivel. La relevancia de este encuentro radica no solo en la jerarquía de sus asistentes, sino sobre todo en su capacidad para cristalizar las percepciones y diagnósticos de los principales actores del sistema internacional sobre las tendencias que marcarán la agenda global.

El lema elegido para esta edición resulta revelador de la desorientación e incertidumbre imperantes: “En destrucción” (Under Destruction), en contraposición a la idea de “en construcción”. También resulta significativo que como símbolo iconográfico del evento se haya utilizado la imagen de la silueta de un elefante, alusión directa a la expresión “el elefante en la sala”: aquel problema evidente, que todos ven, pero nadie se atreve a mencionar. (Para nosotros, los hispanoparlantes del sur, la imagen evocaría también la metáfora del "elefante en un bazar”, resaltando la fragilidad del escenario actual)
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El informe elaborado como base para la discusión del encuentro desarrolla esta idea cargando las tintas sobre la responsabilidad que le cabría a la administración estadounidense en la erosión del orden vigente. Según el informe,  Washington asume que los males actuales serían atribuibles a las limitaciones del sistema internacional de la posguerra. Su respuesta  — a pesar de haber sido, paradójicamente, Estados Unidos el principal arquitecto y promotor del sistema que ahora impugna— parece ser su destrucción, pero sin proponer alternativa sistematizada que no sea la basada exclusivamente en el ejercicio del poder y la fuerza.

Contrastes y desconfianza transatlántica

El Secretario de Estado, Marco Rubio participó en el plenario con un discurso que  se centró en los desafíos de seguridad en la relación bilateral con Europa, seriamente afectada por la vocal pretensión norteamericana de apropiarse de Groenlandia. Su intervención, de tono diplomático, contrastó con la agresividad y el menosprecio hacia el Viejo Continente que había mostrado el Vicepresidente JD Vance en el mismo foro el año anterior.

Las palabras amables y las rasgaduras de vestiduras de Rubio sobre el compromiso histórico de su país con Europa, sin embargo, no alcanzaron para sosegar a los sensibilizados espíritus de los líderes europeos. En sus intervenciones, estos coincidieron en manifestar un profundo escepticismo respecto al respaldo de Washington, al que perciben como un socio volátil que oscila entre "la seguridad, la condicionalidad y la coerción". Ante este panorama, crece en Europa la convicción de que es imperativo alcanzar una mayor autonomía estratégica en materia de defensa y armamento, incluido el componente nuclear.

El factor asiático y la "paradoja húngara"

Esta desconfianza hacia el compromiso norteamericano no es exclusiva de Europa. Aliados asiáticos como Corea del Sur, Japón y Taiwán percibirían que la atención de Washington hacia China se concentra excesivamente en lo comercial y tecnológico, descuidando las tensiones estratégico-militares que son las que más los inquietan.

En efecto, es interesante constatar cierta ambivalencia de los Estados Unidos de Trump frente a sus supuestos grandes rivales geopolíticos, China y Rusia. En ese sentido, hay un hecho casi anecdótico pero que ilustra esta perplejidad: tras su paso por Munich, Rubio viajó a Budapest para respaldar al Primer Ministro húngaro Viktor Orbán, quien enfrenta un escenario electoral complejo en abril. Lo extrañamente sintomático es que Orbán cuenta simultáneamente con el favor de Vladimir Putin y de Xi Jinping, evidenciando una inusual convergencia de intereses entre los tres grandes contendientes del tablero global.

El posicionamiento de Argentina

Argentina participó en la CSM a través de su Canciller, Pablo Quirno, quien desarrolló una intensa agenda de reuniones bilaterales y paneles temáticos. Para nuestro país, como para todos o casi todos los actores del orden (o desorden) internacional en ciernes, el desafío es navegar aguas agitadas por aquellas tensiones cruzadas entre Estados Unidos, sus aliados y sus rivales. En el caso de nuestra región, se agrega el hecho de que - para bien o para mal -, Washington ha definido al hemisferio occidental (América) como prioridad de primer orden en su Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre pasado.

El Presidente Javier Milei ha sido coherente con su promesa de campaña sobre una política exterior de plegamiento riguroso, consistente y sin matices con Estados Unidos e Israel. Bajo esta premisa, Argentina acaba de concluir un importante acuerdo comercial y de inversiones con Washington (que ahora estaría en entredicho a raíz de la decisión de la Corte Suprema norteamericana de negar atribuciones al Poder Ejecutivo sobre la fijación discrecional de aranceles). Cabe recordar que como miembro del Mercosur, Argentina también ha firmado recientemente el acuerdo de Asociación y Comercio con la Unión Europea. Además, el país tiene un acuerdo de Asociación Estratégica Integral con China (2014) y se unió formalmente a la Iniciativa china de la Franja y la Ruta en 2022. China, Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea son, en ese orden, nuestros principales socios comerciales.

Durante su estancia en Munich, el Canciller Quirno, que negoció el aludido acuerdo con Estados Unidos, mantuvo encuentros con sus pares de China y la Unión Europea. Cabe suponer que de aquella experiencia y de esas conversaciones puede haber despuntado un mapa preliminar sobre las oportunidades y límites que del juego de los acuerdos mencionados, en el marco del alineamiento con Washington, surgen para la inserción argentina en el economía global. Sin perder de vista que, si nos atenemos a lo hipotizado por el referido informe de la CSM, el contexto general es el de un sistema internacional más cerca del desmantelamiento total que de la reforma y restauración.

(*) Especialista en Relaciones Internacionales.

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