El Presidente pasó de la emotividad, de la evocación espiritual, al modo barrabrava sin escalas. A los gritos, desde el balcón, como si fuera un paravalancha imaginario. Hacía gestos, alzaba las manos, aplaudía. “¡Ustedes son asesinos!”, le lanzó a diputados de izquierda. A la salida, se topó con periodistas que lo consultaron sobre Adorni y, con el rostro desfigurado, los tildó de “chorros”.
Milei es consciente de los pasos que da. Eligió deliberadamente embestir contra los medios de comunicación y desacreditar al periodismo en su conjunto como estrategia defensiva ante los cuestionamientos cada vez mayores sobre la gestión y los casos de corrupción. Es cierto que la posición de ataque marida con su personalidad, como también lo es que matizó las dosis de agresividad y los giros discursivos cuando lo necesitó.
“Soy loco pero no boludo”, sostuvo, en más de una oportunidad.
Es un león que cuando quiere, no ruge.
Esa misma regla que denota un manejo del cálculo se puede aplicar para feroz división interna del Gobierno: los que creen que Karina “manipula” a Javier o, al revés, que Santiago “manipula” a Javier, deberían preguntarse si no es Javier quien maneja el juego para administrar a ambos mundos, en apariencia, incompatibles.
En relación a la pelea con los medios y la disidencia de opinión, no está claro si se llegó a un punto de no retorno. Elisa Carrió anticipó el “inicio de un Estado autoritario”, pero en el camino la Casa Rosada decidió dar marcha atrás con el cierre de la sala de periodistas, un hecho inédito. El clima hostil tiñe la conversación pública y la dicotomía esclavo-enemigo permea en los diversos ámbitos.
En la Casa Rosada admiten que atraviesan por un mal trance, pero prácticamente nadie propone golpes de timón y, los más voluntaristas, prefieren creer que el Presidente se guarda un as bajo la manga.
Según el último sondeo de AtlasIntel y Bloomberg, correspondiente a abril, la aprobación de Milei registró el valor más bajo desde que asumió: 35,5% aprueba su desempeño, mientras que el 63% lo desaprueba. El Presidente sabe que el bolsillo erosiona su respaldo popular, aún así defiende su receta y destina parte de su tiempo al debate académico sobre autores en el marco de la “batalla cultural”. En lo que va el año, expuso sobre Adam Smith, John Maynard Keynes y pronto le tocará el turno a Milton Friedman.
Milei se aburre con la negociación política y partidaria, tarea que delegó en su hermana. Las actividades públicas que le arman se basan en disertar en algún foro afín o participar de eventos puntuales, como fue la visita al portaaviones USS Nimitz, en Mar del Plata. Al Presidente lo entusiasma el despliegue militar y el Gobierno construye su narrativa con la reconstrucción de la defensa nacional. La jornada de participación en los ejercicios conjuntos en el Atlántico Sur fue organizada por la embajada de Estados Unidos, que hace un mes cursó las invitaciones. En el comunicado de Presidencia de la Nación, hubo dos participantes que no fueron mencionados, no aparecen en las fotos, pero sí estuvieron: Santiago Caputo y el senador Francisco Paoltroni.
Caputo, el otro borrado del parte de prensa, sí supo aprovechar este tiempo los guiños de la administración de Donald Trump. Prácticamente todas las semanas aparecen comunicados de organismos estadounidenses elogiando dependencias argentinas bajo su órbita. El último fue este jueves, cuando el FBI felicitó al recientemente creado Centro Nacional de Antiterrorismo.
El asesor presidencial está en desventaja en la interna con Karina, pero sobrevive y busca influir en las áreas que ya no maneja. “No está muerto quien pelea”, dice el refrán. Hizo un mensaje desde su cuenta oficial de X para cuestionar a Horacio Rosatti, por una declaración que había realizado el presidente de la Corte y podía sonar amigable para Milei. Eso es exactamente lo que no quiere Caputo: un acercamiento con otro sector de la Justicia.
Lo paradójico es que mientras las dos alas internas se pelean, reciben ambas malas noticias en Tribunales. La causa de Adorni (soldado de Karina) no descansa. Y se reimpulsó una investigación contra el titular de Arca, Andrés Vázquez (soldado de Caputo), por presunto enriquecimiento ilícito, lavado y evasión.
¿El león vuelve a rugir?