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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

Juan Manuel Inchauspe o “una invisible y constante cicatriz”

Ciudad de Santa Fe 1940-1991. Poeta, docente y traductor. Vivió algunos años en Rosario donde formó parte de la redacción de la revista “Alto aire”, en la que aparecieron, en 1965, sus primeros poemas. Su breve obra poética comprende los libros Poemas 1964-1975 (Editorial La Ventana, Rosario, 1977) y Trabajo nocturno (Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 1985). Realizó traducciones de los poetas brasileros Manuel Bandeira y Drummond de Andrade. 

Por Rodrigo Galarza

Especial para El Litoral

Vivir, solo cuesta vida/¡Ahora! ¡Ya mismo!/ Puedo ajustar un guion de ropa sucia/ Ropa sucia, fuera” dice una canción tan irónica como emblemática de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que, con su lírica de asfalto, suele escupir verdades acerca de las delicias del “ars vivendi”. 

Nuestro asaltante de hoy no ajustó nunca el guion de hacerse el distraído, el de vivir solo pasado por sangre, el que prefiere ignorar que el dolor agita sus banderas y a veces su sombra pisa la nuestra o bien se nos mete o sale desde adentro para agitarse en el otro. 

En su breve obra, Inchauspe pone en práctica aquello que señalaba Gelman de que uno  de los  grandes temas de la poesía es, a fin de cuentas, la poesía misma y su fuerza misteriosa por “decirse”, por imponerse en la propia voluntad del poeta. 

Y así lo vive el santafesino: “Trabajás con nada./ Escribís sobre el vacío./ Frente a la rugosa realidad/ tus herramientas se deshacen”. 

Qué mejor puerta alegórica para entrar al universo del poeta que su “Trabajo nocturno” (publicado por la Universidad Nacional de Santa Fe). 

La fe de Inchauspe era la soledad, el aislamiento, la noche como rectora de su estar en el mundo: “He tratado de reunir pacientemente/ algunas palabras. De abrazar en el aire/ aquello que escapa de mí/ a morir entre los dientes del caos./ Por eso no pidan palabras seguras/ no pidan tibias y envolventes vainas/ llevando en la noche la promesa de una tierra sin páramos.” (…) “Y para quien/ se acerque a estos lugares hay un chasquido/ de látigo en la noche/ y un lomo de caballo que resiste”.

Un espacio reflexivo de la realidad se abre y cierra en la  palabra de Inchauspe, un espacio que marca una cotidianeidad a veces asfixiante, como yendo de la cama al living, o de la habitación al patio. En ese tránsito sucede todo, que puede ser nada, que se llena de ausencias: “Así paso los días. Como si lo mejor de mí/ estuviera paralizado y muerto o mejor como si no hubiera existido nunca./ Nada más que este rostro hipnotizado./ Como un pájaro nocturno/ alguna palabra escala mi sangre.

El poeta santafecino, en resonancias con algunos poetas norteamericanos del siglo veinte, sabe en suma encender pequeñas y frágiles fogatas con los más nimios objetos y sus danzas en nuestras conciencias cuando de pronto estamos no ya frente a la llamita de un fósforo sino ante un incendio existencial.

¡Salud, poesía y libaciones!

Muestrario mínimo

LOS TUYOS

Has llorado, en secreto, a los tuyos

Lenta, inexorablemente, 

    [los has visto partir

alejarse para siempre.

Has sentido, en tu corazón

el desprendimiento de una rama         [que cae.

Y luego has borrado

las huellas de esas lágrimas,

has contenido en el límite 

    [infranqueable

los bordes de tu propio dolor

y lo has devuelto a tu pobre vida,

a los días siguientes, a las horas

para que permanezca allí.

Oculto

como una invisible y constante

cicatriz.

HE TRATADO DE REUNIR 

PACIENTEMENTE

He tratado de reunir pacientemente

algunas palabras. De abrazar 

    [en el aire

aquello que escapa de mí

a morir entre los dientes del caos.

Por eso no pidan palabras seguras

no pidan tibias y envolventes 

    [vainas llevando

en la noche la promesa de una 

    [tierra sin páramos.

Hemos vivido entre las cosas que el frío enmudece.

Conocemos esa mudez. Y para quien

se acerque a estos lugares hay un         [chasquido

de látigo en la noche

y un lomo de caballo que resiste.

ESTA MAÑANA

Esta mañana al despertar

al abandonar el lecho de cenizas del sueño

me incliné como siempre en el jardín

pero no encontré la ayuda de mis         [palabras.

Quise saber por qué las aguas de         [aquella mañana

iban por encima de mí

más lejos de lo que yo esperaba

pero no encontré respuesta. 

    [En el lugar

donde todos los días mi rostro va a reflejarse

encontré una piedra oscura

de afiladas puntas.

NO TENÉS NADA MÁS

No tenés nada más que palabras

y decir esto

y decir que eliminaste los límites

entre el ser y no tener

es casi decir lo mismo.

Trabajás con nada.

Escribís sobre el vacío.

Frente a la rugosa realidad

tus herramientas se deshacen.

Asomado a una noche extraña

arrasada por los vientos

poblada de estrellas furiosas

que una vez dictaron a otros hombres

los nombres de fuego de Arturo

la Osa y el Centauro:

tu lengua sin cielo

tiembla

y se retuerce.

LA ARAÑA

La veo asomarse en el orificio de un tronco podrido.

¿Cuál es, exactamente, su mundo? No lo sé.

Quizás sea ese tenso cordaje

entre ramas y hojas,

sobre el cual pretende ahora avanzar.

Alrededor nada se mueve.

Pero ella debe haber escuchado un         [oscuro llamado:

¿Mide realmente

la distancia que la separa del centro?

¿O se siente poderosamente atraída

por ese vacío cargado de peligros?

Como nosotros, a veces, en medio 

    [de la oscuridad

y de las palabras,

ella, la araña, emerge de pronto 

    [hacia la luz

y se aquieta de golpe

atenta a todas las vibraciones

de la red.

TRABAJO NOCTURNO

Temprano

esta mañana

encontré en el patio de casa

el cuerpo de una enorme rata

inmóvil.

Moscas de alas tornasoladas

zumbaban alrededor del cadáver

y se apretaban en los orificios de         [unas heridas

que habían sido sin duda mortales.

Con bastante asco

la alcé con la pala y la enterré

en un rincón alejado

del jardín.

Al volverme

desde el matorral de hortensias 

    [florecidas

emergió mi gata dócil

desperezándose.

Su brillante pelaje estaba todavía

erizado por la electricidad 

    [de la noche.

Me miró

y después comenzó a seguirme

maullando suavemente

pidiéndome -como todas las 

    [mañanas-

su tazón de leche fresca

y pura.

5

Suave es caer en la habitación

cuando hemos dejado detrás

esa acumulación crujiente de horas

quemadas para vivir.

Suave es la presencia de los muebles

la línea de tu nuca acompañando

la inclinación de tu cabeza 

    [sobre el libro.

Suave es el fondo de mar de tus ojos.

Y más suave la hora -en que ya 

    [cansado

pero terriblemente libre - enciendo

la lámpara que apagaré muy tarde.

1

Me voy temprano y regreso 

    [muy tarde

cuando la noche ha hecho ya

gran parte de su trabajo

y no queda tiempo para detenerse 

    [a mirar.

Así paso los días. Como si lo mejor         [de mí

estuviera paralizado y muerto

o mejor como si no hubiera existido nunca.

Nada más que este rostro 

    {hipnotizado.

Como un pájaro nocturno

alguna palabra escala mi sangre.

Entiendo que debo quemar mis 

    [manos una vez más.

Abro el cuaderno y escribo 

    [rápidamente.

Todo arde.

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