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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

El auto de Julio Sosa y una anécdota póstuma de Gelmi

En la madrugada del 26 de noviembre de 1964 el exdirector periodístico de El Litoral, Carlos Gelmi, fue testigo presencial del último brindis del gran cantante Julio Sosa. Al salir de aquella fonda, el intérprete uruguayo perdió la vida en un accidente de tránsito. Aquí la historia, extraída del anecdotario de nuestro querido “Viejo” Gelmi. 

José Luis Zampa

La historia que a continuación comienza mezcla la pasión por los autos clásicos, la admiración por el genial intérprete rioplatense conocido como “El Varón del Tango” y el interminable anecdotario del añorado Carlos Gelmi, fallecido exdirector periodístico de este diario, quien alguna vez contó al cierre de una edición cualquiera: “A la salida de Clarín fuimos a esperar el diario impreso con un grupo de compañeros a un bar del Abasto. En una mesa de al lado estaba Julio Sosa con un grupo de amigos. De ahí lo vimos salir con su deportivo y al otro día me entero de que había chocado contra un semáforo en Palermo. Fui uno de los últimos en verlo con vida”.

Gelmi, quien había sido secretario general de redacción de Clarín, relataba la anécdota en modo crónica. Daba la sensación de que hubiese querido que existieran internet y las redes sociales para enterarse antes y cubrir hasta el final aquel episodio del que había sido testigo en forma parcial. Desmitificaba la idea de una borrachera atribuida al cantante, ya que “si bien se decía que había bebido, se lo veía bien, aunque salió apurado acompañado por amigos y una chica que parecía ser la novia”.

Tenía razón el querido Carlos. Medio siglo después, compartiendo redacción con quien esto escribe, corroboramos aquel dato: la muchacha que acompañaba a Sosa era la joven cantante Marta Quintana, con quien el intérprete de origen uruguayo mantenía un affaire por esos días. Y el auto en el que ambos salieron raudos, acompañados por dos amigos, era la coupé DKW Fissore que el cantor había adquirido tiempo atrás en una concesionaria porteña.

El motivo de la presencia de Sosa en la fonda del Abasto (llamada “El Varón del Tango” en su honor) era despedir de la soltería a un miembro de la orquesta que se casaba en pocos días. Pero Julio no estaba a gusto dado que su deseo era celebrar la reunión en otro lugar, quizás más íntimo. Es por ello que, tras despedirse de sus contertulios, salió del bar junto con Marta y los otros dos acompañantes.

El DKW aceleraba como un auto de carreras gracias a un motor de dos tiempos que, literalmente, volaba en altas revoluciones pese a sus modestos 980 centímetros cúbicos repartidos en tres cilindros. Ante la evidencia de que el conductor no pensaba levantar el pie, los caballeros del asiento posterior pidieron bajarse para seguir caminando. Acto seguido, Marta Quintana se quedó en su departamento y Julio Sosa siguió solo hacia el carrito 7 de la Costanera, donde solía darse atracones de madrugada.

Nunca llegó. Testigos contaron haber visto al DKW rojo en una maniobra de sobrepaso, con el aparente objetivo de adelantar a un camión cisterna. Justo en ese momento el Varón del Tango se topó con el pilar de hormigón armado, en medio de la avenida Figueroa Alcorta (que en esa época era doble mano), intersección Mariscal Castilla. El impacto fue brutal y si bien el artista quedó con vida, nunca más recobró el conocimiento. Falleció alrededor de las 9 de la mañana en el sanatorio Anchorena, tras ser atendido por el neurocirujano Raúl Matera, quien relató: “No había operación posible. Estaba clínicamente muerto. Solamente su corazón latía, hasta que dejó de hacerlo, mientras lo tomaba de la mano”.

El cuerpo del cantante fue llevado a una cochería privada para ser velado al día siguiente, pero la multitud que se agolpó era tal magnitud que su colega Hugo del Carril solicitó a Tito Lectoure que dispusiera la capilla ardiente en el Luna Park. 

El empresario del boxeo accedió y allí se llevaron a cabo las exequias. En la mañana del entierro, se calcula que unas 200.000 personas acompañaron el féretro de Julio Sosa, en medio de una intensa lluvia, hasta el cementerio de La Chacarita.

El famoso intérprete nacido en la pobreza, en la localidad uruguaya de Las Piedras, tenía solo 38 años. Al momento de su fallecimiento había vendido más de un millón de discos, cifra que continuó multiplicándose después de su muerte.

Una fama oscurecida por la muerte

El Auto Unión DKW Fissore fue un coupé de origen alemán con carrocería italiana, fabricado bajo licencia en Argentina. Combinaba las líneas americanas del Ford Thunderbird con el concepto europeo de vehículos compactos. Pudo haber sido famoso por esas cualidades estéticas (eral realmente bello), pero lo cierto es que pasó a la posteridad por haber sido el auto con el que se mató el recordado cantante de tangos Julio Sosa.

Fue una madrugada del 26 de noviembre de 1964 cuando, al salir de una cantina del barrio del Abasto, aceleró su Auto Unión hasta golpear a toda velocidad un monolito de hormigón de los que en aquellos años se estilaban en la intersección de las avenidas porteñas para proteger de impactos a los semáforos.

Las crónicas policiales de la época incluyeron fotografías del Auto Unión siniestrado. El golpe con la mole de cemento fue exactamente en el medio de la trompa, lo que provocó la deformación de toda la zona frontal. El cantante no llevaba cinturón porque en esos años los vehículos no los equipaban como dispositivo de seguridad. Se cree que Julio Sosa padeció un traumatismo de cráneo y de tórax que le causó una muerte cerebral instantes después del impacto.

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