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Un sinónimo de libertad

A principios de los años 60 un surfista norteamericano creó el primer buggy de la historia. Un autito de bajo costo con carrocería de plástico, ideal para saltar dunas, que rápidamente adquirió fama mundial. También los hubo en Argentina, con su propia impronta. 

José Luis Zampa

El buggy Meyers Manx fue el pionero. Pero a partir de aquella genial creación del surfista Bruce Meyers, más de 300 compañías en todo el mundo lo construyeron. Hablamos de un vehículo concebido para el esparcimiento que combinaba las sensaciones de libertad de una motocicleta con la seguridad de las 4 ruedas, cuya carrocería abierta y sus líneas onduladas, inspiradas en el movimiento del mar, lo hicieron irresistible para los jóvenes de los años 60 y 70.

Pasaron 60 años desde que Meyers presentó su prototipo en las playas de California. A partir de aquel momento nada volvió a ser igual en las dunas de todo el mundo, pues el buggy se globalizó al punto de convertirse en el modelo más copiado de la historia. ¿La razón? Bruce Meyers no registró la propiedad intelectual de su diseño y dejó abierta la puerta para que fabricantes de distintos puntos del planeta reinterpretaran su idea hasta el infinito.

Sí, no exageramos. El derrotero de estos autos es infinito porque hasta el día de hoy distintas compañías de países como España, México y Brasil fabrican kits de buggys para ser montados sobre plataformas de Volkswagen Escarabajo u otros modelos más recientes, aunque el “Beetle” alemán sigue siendo el principal donante de órganos para que el buggy conserve hasta el día de hoy sus pergaminos.

Hace pocos días el cronista de esta página tuvo la oportunidad de testear durante 24 horas un buggy brasileño en la cautivante ciudad de Buzios, Estado de Río de Janeiro. La experiencia sirvió para certificar las principales cualidades del vehículo que sigue siendo el medio de movilidad más divertido de las costas brasileñas, donde la mayoría de las ciudades turísticas ofrecen servicios de alquiler con y sin chofer.

El modelo elegido para la prueba fue una unidad de la marca Bugre, con la tradicional mecánica Volkswagen Fusca de cuatro cilindros refrigerados por aire. Las subidas y bajadas de Buzios, algunas calles adoquinadas, otras de arena e incluso algunos puntos de pronunciadas pendientes para llegar a los miradores como el de João Fernandinho (playa típica de la ciudad que alguna vez adoptara Brigitte Bardot), pusieron a prueba el torque del conocido motor “cooled air”, que con la carrocería de fibra sin puertas y apenas un pequeño toldo mejora sustancialmente las cualidades dinámicas de un Escarabajo tradicional.

El buggy Bugre es uno de los más famosos de la industria artesanal de fibra en el vecino país. Presentado como una opción para el campo, la playa y algunas zonas específicas de ciudades turísticas, sus distintos modelos predominan en los puntos más paradisíacos de Brasil, pese a ciertas desventajas que restringen su utilización a circuitos determinados: carecen de los dispositivos de seguridad activa y pasiva exigidos en la actualidad, no tienen puertas y muchos de ellos ni siquiera equipan cinturones. Es por eso que las normas municipales sólo permiten que circulen en calles o caminos comarcales, a 40 kilómetros por hora de velocidad máxima y con una prohibición que puede implicar el secuestro del auto: jamás salir a las rutas.

Aun así, el buggy es un símbolo de libertad y parte inescindible del paisaje característico de zonas como Geribá, Tartaruga o la famosa Orla Bardot, íconos de Buzios donde pasear en uno de estos simpáticos descapotables resulta una aventura inolvidable.

El buggy argentino

En la Argentina el buggy logró imponerse como opción para el esparcimiento en playas y zonas agrestes en los años 70, a partir de la creación del entusiasta Juan Garbarini, emprendedor que en 1969 comenzó a construir el modelo Puelche. 

Presentado en 1970, el Puelche salió de una fábrica artesanal de la ciudad de La Plata para convertirse en la punta de lanza de un estilo de vehículos inspirado en el Meyers Manx norteamericano. La principal diferencia entre los buggys argentinos (que los hubo numerosos y de muchas marcas distintas) y los de Brasil o Norteamérica es que aquí equiparon motores Renault Gordini o incluso Renault 12, dado que en la Argentina nunca se produjo el Escarabajo de origen alemán. 

Con el correr del tiempo el buggy argentino fue desplazado por otras opciones como el cuatriciclo o el UTV, aunque sobreviven unidades conservadas y pasear en ellas continúa siendo el sueño de muchos.

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