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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

¿Se pueden comprar los autos de Fórmula 1 de Schumacher y Senna?

Los autos de Fórmula 1 que se retiran de las pistas se convierten en joyas mecánicas de gran valor, en especial si tuvieron un historial deportivo de triunfos o si fueron conducidos por ases del volante. No están exhibidos en concesionarios ni al alcance de cualquiera. Pero se venden. 

José Luis Zampa

¿Se puede comprar un Fórmula 1 para uso particular? Sí, pero para eso no solo hay que tener mucho dinero sino contactos influyentes que permitan al interesado llegar hasta la intimidad de las escuderías para convencer a los fabricantes de entregar verdaderas joyas rodantes, cotizadas en millones de dólares y muchas veces con la prestigiosa historia de haber sido conducidos por megaestrellas como es el caso del heptacampeón Michael Schumacher.

El punto es que no es fácil, aun contando con una billetera muy gorda, comprar los autos que corrieron en la máxima categoría del deporte motor. En especial porque son escasos, pero además porque las operaciones de venta se circunscriben a selectos círculos sociales que son admitidos por las casas de subastas en función del poderío patrimonial.

El caso más conocido en la Argentina ocurrió en 2005, cuando el grupo Pérez Companc, por iniciativa de Luis (hijo de Gregorio Pérez Companc) decidió adquirir por 2.4 millones de euros la Ferrari que un año antes había utilizado Schumacher para ganar en Malasia, Barhein, España e Ímola. El auto, cuyo chasis lleva el número 234 de la casa de Maranello, fue subastado en Italia y allí estuvo como máxima oferta la del millonario argentino.

Y atención con esto: lo compró, pero no lo pudo llevar a su casa. En el contrato preestablecido por Ferrari se fijó una cláusula de confidencialidad por la cual el adquirente del bólido rojo no podría disponer del mismo sino hasta después de transcurridos 5 años de la operación. Es decir que la F2004 de Schumacher estuvo un lustro en depósitos de la fábrica, lapso durante el cual Luis Pérez Companc solamente pudo usarla, previo pedido, para participar de encuentros de fanáticos llamados “Track Days”.

¿La razón de este sigilo ferrarista? Que otras marcas rivales no copiaran tecnología desarrollada por la casa del cavallino rampante, que por esos años reinaba en la máxima. Aunque en realidad para muchos fue simplemente un acting para darse aires de misterio en un mundo donde hasta las ventas del material usado pueden convertirse en un eficaz truco publicitario.

De la misma forma, en 2018 el exmandamás de la F1 Bernie Ecclestone se dio el gusto de comprar el McLaren que utilizara el gran Ayrton Senna para ganar en el Gran Premio de Mónaco de 1993, su última temporada en la escudería británica antes de su paso a Williams, donde perdería la vida en 1994.

El McLaren Ford MP4/8A que el piloto paulista condujera hace 30 años quedó en manos de Ecclestone a cambio de 4,19 millones de euros. Desde entonces, el monoposto más característico de una época dorada de la Fórmula 1, con sus tradicionales colores combinados en rojo y blanco, forma parte de la colección privada de Bernie.

En esa misma subasta, según relata una crónica del sitio especializado Motor1.com, otro coleccionista cuyo nombre no se dio a conocer compró otro auto muy recordado de Senna: el Toleman Hart con el cual, en 1984, el brasileño estuvo a punto de ganar el GP de Mónaco gracias a su maestría en el manejo bajo la lluvia. En aquella carrera Ayrton venía pasando autos como si lo hiciera en pista seca. Superó a Niki Lauda, quedó segundo e iba por Alain Prost, pero los comisarios deportivos detuvieron la competencia antes de que pudiera superarlo. Se cree que allí comenzó la rivalidad entre el brasileño y el francés.

Las últimas noticias del olimpo de los coleccionistas más adinerados del planeta se produjeron el año pasado, cuando la casa Shoteby’s vendió durante el GP de Mónaco dos monoplazas que habían pertenecido al excampeón británico Nigel Mansell.

Se entregó al mejor postor la Ferrari 640 que Mansell utilizó en 1989 para cerrar una era en el diseño de los monopostos, ya que fue el último F1 con los tanques de combustible ubicados a los costados del piloto. Y también se vendió el Williams FW-14 de 1991, con el que alguna vez el inglés dio un aventón a Ayrton Senna en Silverstone, cuando el McLaren del brasileño se quedó si nafta. La Ferrari se vendió en 3.605.000 euros y el Williams en 4.055.000 euros, bastante por encima del precio base.

En otros tiempos…

Siete décadas atrás, en los años 50, los autos de Fórmula 1 y de Sport Prototipo se vendían a pilotos particulares luego de que las escuderías oficiales dearrollaran nuevos modelos. Es por eso que muchos de los monopostos que utilizaron Juan Manuel Fangio, Froilán González, Stirling Moss o Mike Hawrthon terminaron en manos de equipos que los utilizaron muchas veces hasta dejarlos inutilizables. Con el correr de los años, los autos de la década del 50 comenzaron a ser valorados por compradores particulares que los adquirían ya no para correr sino como tesoros históricos. Con el correr de los años, la cotización de esos sobrevivientes alcanzó valores astronómicos, como es el caso de la Maserati 300S de sport que Fangio corrió meses antes de su retiro, en 1957 y 1958. ¿El precio de base? Siete millones de dólares.

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