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Skay magnetizó al público de la región y a otros forajidos

El quimérico guitarrista se presentó en el Regatas Corrientes ante un gran marco. Repasó gran parte de su trayectoria solista y hubo guiños a Los Redondos. El más celebrado fue Jijiji.

Domingo, 25 de agosto de 2024 a las 20:54
Foto gentileza.
Foto gentileza.

La música es una de las artes que te despierta los sentidos. De a uno, todos juntos o por separado o de manera intermitente, pero te los sacude si están encendidos. Hay personas, personajes o artistas que tienen la capacidad de acceder al corazón y emocionarte. Deslumbrarte, sorprenderte y hacerte sentirte parte.

Skay Beilinson es uno de ellos. De los pocos. De los que, con un extenso y riquísimo trayecto arriba del escenario,  logran encender la llama interna.

En sus composiciones, acompañado por sus compañeros los Fakires, hay un “toco” de historia de rock de allá, pero de mucho más acá.

La primera parte del show fue una muestra resplandeciente de lo que Skay siguió construyendo tras la separación de Los Redondos. Canciones inquietantes, poderosas, atrapantes, encantadoras.

Killmer, Aves migratorias, Tal vez mañana, El ojo testigo, Aplausos en el cosmos, El redentor secreto, Ya lo sabes, Plumas de cóndor al viento y Todo un palo. Este último tema fue la muestra de la vitalidad del guitarrista con 72 años en el hombro. Una canción conmovedora y de la que los más entusiastas escuchas de Los Redondos pueden afirmar: "Listo, ya estoy hecho".

Tras una pausa de unos 20 minutos, la banda reapareció en el escenario. Para ese entonces el público ya estaba encendido. El campo de juego del club remero estaba totalmente colapsado y aquellos que optaron por adquirir la entrada a platea decidieron bajar y tener otra perspectiva del show y de la forma de ser parte.

Tras Cicatrices, Late e Inventario, un trío de temas muy poderosos, llegó el segundo punto más alto de la velada correntina cuando Skay tocó uno al lado del otro: Superlógico y El Pibe de los Astilleros. Versiones bien Beilinson  con el súper aroma de Los Redondos en el aire.

Para esa altura de la noche, el público ya estaba magnetizado, elevado, casi eufórico. Skay ya había cumplido su cometido. Y como una especie de médium entre la gente y algo indescriptible que hay más allá, con el brazo derecho extendido al cielo, mientras con la derecha sostenía el mástil de la guitarra, llegó Oda a la sin nombre. Se trata de uno de los himnos del Flaco, publicado en su ópera prima A través del mar de los sargazos.

Así ingresó a la recta final del show. En la lista de temas fueron incluidos Presagio, Chico bomba, Yo soy la máquina y Corre, corre y corre. Estas dos últimas piezas forman parte de su último disco Espejismo. Lejos de casa fue el tema que cerró la segunda y última parte del recital.

En los bises fue incluido el trascendental Jijiji. Con esta pieza clave del rock argento no hubo un solo asistente en el Regatas que no cantara, saltara o hiciera pogo. Una celebración total. Una comunión alegre y muy necesaria en estos tiempos.

Finalmente la despedida fue con Lágrimas y cenizas. El tema, el último del primer disco, en su estrofa final dice: Persiguiendo mi estrella/Una luz en la oscuridad/Voy a andar los caminos/Y volverte a encontrar.

Ojalá así sea. 
 

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