¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

PUBLICIDAD

La contingencia de Tomás de Aquino

Sabado, 28 de febrero de 2026 a las 21:42

Estoy con vos, pero no me entrego. Soy tu aliado, pero no ciegamente. Me subo al avión, pero no sin antes constatar el plan de vuelo, no vaya a ser que se quede sin nafta. Ese fue el mensaje de Corrientes al presidente Javier Milei, emitido desde la cumbre de la Unión Cívica Radical celebrada en Santa Fe, donde pudo verse además la simbiosis de una relación político-fraternal con versatilidad estratégica: la que han cultivado durante todas sus vidas el ex y el actual gobernador, dos figuras potentes que se conocen más que nadie por la obvia razón de ser hermanos, vínculo indisoluble que les proporciona la ventaja de funcionar en tándem.

Desde la victoria de agosto, las fotos de Gustavo y Juan Pablo Valdés codo a codo han sido escasas por motivos tácticos. Y la del encuentro santafesino fue una ocasión bien elegida para encender los reflectores que alumbran al futuro desde una cumbre que —con ambos correntinos en un papel epicentral— mostró la vocación de poder del radicalismo camino a 2027, cuando la oferta electoral que se ponga a consideración de los argentinos se divida en configuraciones que podrían ser bi o tripartitas.

"Además de la derecha de Milei y la centroizquierda corrupta del kirchnerismo, debe haber una alternativa", resumió el gobernador anfitrión, Maximiliano Pullaro, en una frase que le dio pie al senador Gustavo Valdés para resaltar la vocación frentista de la UCR, el camino más lógico para construir un tercer espacio que tome lo bueno de ambos lados de la grieta. Es decir, el equilibrio fiscal y la contención de los sectores más golpeados por el cambio de matriz económica, dualidad que —para nada casualmente— es una marca registrada de las últimas administraciones correntinas.

El encuentro de intendentes radicales (del que participó el capitalino Claudio Polich junto con un puñado de colegas de tierra adentro) fue un contexto ideal donde cada uno pudo aplicar el juego de roles en función de un objetivo no tan lejano, pero todavía difuso dado el tsunami de transformaciones institucionales, normativas y macroeconómicas desatado por el gobierno de La Libertad Avanza con la anuencia de las representaciones parlamentarias provinciales.

Entre ellas la de Corrientes, cuyos legisladores obraron en sintonía con el clima de concertación reinante entre Provincia y Nación.

Desde el mosaico forestal, citrícola, ganadero y yerbatero del Litoral argentino, Corrientes padece los efectos indeseados del desmantelamiento industrial con la pérdida de inversiones históricas como Alal, pero soporta las consecuencias sociales de la motosierra gracias a un entramado de servicios públicos que siguen funcionando con normalidad pese al presupuesto menguado por la caída de la coparticipación. Es ese, justamente, otro efecto del reset mileísta paliado en la burbuja de bienestar generada desde el Estado provincial gracias a la filosofía escolástica de una gestión local que defiende y practica el principio general de solidaridad garantizado por la Constitución.

Puertas adentro, el gobierno de Valdés funge como contraste del plan económico nacional, cuyo leitmotiv es dejar morir a empresas supuestamente ineficientes para reemplazar los empleos perdidos con una renacida demanda de mano de obra que —según prometen en Balcarce 50— emanará del crecimiento meritocrático a la sombra de Estados Unidos, sobre la base de la exportación de commodities y la extracción de recursos no renovables como el petróleo, el litio, las tierras raras y el cobre encapsulado desde el principio de los tiempos en los glaciares patagónicos.

Nadie sabe si los rubros de la energía y la minería desarrollarán las condiciones para que se reinserten los casi 300.000 trabajadores que perdieron sus puestos como consecuencia de la apertura importadora y la desregulación impulsada por el ministro Sturzenegger, pero la decisión política correntina de acompañar las medidas impulsadas por la Casa Rosada es una opción inteligente en tanto represente oportunidades de saldar deudas históricas de la Nación con la tierra natal de San Martín.

Corrientes termina siendo un ejemplo de que, en la dimensión fiscal, se puede actuar con cierta dosis de pragmatismo libertario sin abandonar el concepto humanista de la política en tanto ciencia concebida para hallar soluciones a las problemáticas sociales de cada época, a través de la unción democrática de gobiernos orientados al bien común.

En ese plano, formar parte de una misión comercial encabezada por el jefe del Ejecutivo Nacional es una movida no solamente necesaria sino también ingeniosa del gobernador correntino, hábil para conservar las buenas relaciones con el poder central sin menoscabar su pertenencia a un proyecto del que podría emanar una nueva alianza de pensamientos compatibles con el civismo radical para enriquecer el menú de opciones de cara a los desafíos electorales venideros.

Para 2027 falta mucho, pero no tanto. La aceleración de los acontecimientos es hoy un denominador común de la geopolítica, con tantos hechos disruptivos como los consumados a lo largo de la Guerra Fría, pero condensados en una vigésima parte de tiempo. Si entre las invasiones de Corea y Vietnam hay 15 años de diferencia, entre los bombardeos a Caracas y la ofensiva Furia Épica contra Irán hay solamente dos meses de diferencia.

Y así como todo se precipita en el escenario internacional, también en la Argentina la brusquedad de los trastocamientos es frenética, con sanciones de leyes que en otros tiempos hubieran demandado meses, sino años, como la punición para los menores de 14 años y la reforma laboral pergeñada para borrar las garantías de estabilidad del empleado tipo argentino, una categoría social en vías de extinción fruto de una mutabilidad en hyperlapse que ya es signo de la nueva normalidad.

La velocidad supersónica de los cambios que se observan en la desarticulación del derecho internacional, la inocuidad de la ONU, la renuncia de Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud, entre tantas otras alteraciones del statu quo sigloventista, son parte de una contingencia sistemática en la que hoy puede ser una cosa y mañana es otra. Pero no es para desesperarse, sino para prepararse.

Milan Kundera advirtió sobre lo efímera que puede ser aquella experiencia vivida en una moto a 300 kilómetros por hora comparada con la parsimonia contemplativa de viajar en una calesa del siglo XIX, una metáfora aplicable al afán de romper convenciones en tiempo récord que caracteriza tanto a Donald Trump como al líder de su club de fans, a la sazón presidente argentino. Pero todo lo que rápido llega, rápido puede irse, decía mi abuela en línea con un santo italiano por el que sentía devoción.

De Santo Tomás de Aquino hablamos. Uno de los máximos exponentes de la doctrina escolástica que incorporó el razonamiento aristélico a los dogmas católicos, autor de una máxima premonitoria: "Todos somos contingentes" (traducido: todos cambiamos todo el tiempo, hasta confundirnos en la masa). 

Tan cristalina aseveración inmemorial se conecta con la inminencia de la metamorfosis generalizada de la era digital, donde todo pasa en un flash.

Por eso no es casual que la figura del pensador dominico, que es además patrono de las escuelas, haya sido homenajeada ayer por el senador Valdés en sus redes sociales. Justo después de la efeméride, apareció un reel que destacaba los tramos más sobresalientes de la ponencia del exmandatario en la cumbre radical, con dos ejes: una encendida defensa de la educación pública y una arenga a los boinas blancas: "Volver al poder, por un país mejor".

¿Una expresión de deseo soportada por la fe en Tomás de Aquino? Nada de eso. Un postulado que signa el destino hacia la consigna de Heráclito: "El ser es el cambio", porque hoy más que nunca todo es mutable y la transfiguración ocurre en el momento menos pensado.

Últimas noticias

PUBLICIDAD