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Los sueldos en la nueva normalidad

Jueves, 05 de marzo de 2026 a las 21:17

Por José Luis Zampa

El sueldo equivale al sustento vital de un trabajador y su familia. Desde la revolución industrial, constituye la contraprestación en dinero que una persona recibe a cambio de su fuerza laboral, entregada al empleador bajo la forma del más escaso, valioso e irremplazable de los recursos: el tiempo.

Hasta hace poco, la Argentina era un país que protegía el tiempo de los trabajadores mediante la jornada de ocho horas, el descanso dominical, las vacaciones de consuno con el receso escolar y una remuneración surgida de negociaciones paritarias donde los sindicatos ejercían una fuerza representativa parangonable con el poder fáctico de la patronal.

Pero todos esos beneficios implosionaron en nombre de una reforma laboral que ubicó al empleado y al empleador en un plano de equivalencia teórica, imposible de materializar. Salvo excepciones como la observada en Corrientes, donde el Gobierno provincial mantiene la sana costumbre del diálogo con los gremios docentes y toma decisiones en consecuencia.

En ese contexto, fue anunciado por el ministro Marcelo Rivas Piasentini un incremento del 6 por ciento. La cifra no satisfizo a muchos, pero representó un sinceramiento oficial respecto de las dificultades financieras que enfrenta la Provincia como consecuencia de la reducción experimentada por la masa coparticipable, consecuencia directa de la caída el consumo.

Es un aumento menos generoso que los otorgados en años anteriores, pero es un aumento posible y sostenible a lo largo del ejercicio fiscal, lo que no es para desdeñar sino todo lo contrario. En especial porque la propuesta fue presentada junto con la admisión institucional de los apremios económicos que afectan al universo de estatales correntinos.

No se trata de conformismos, pero sí de mantener abiertas las instancias de concertación para continuar negociando con una cabeza gubernativa que podrá mostrar coincidencias generales con la administración nacional en lo que respecta al equilibrio fiscal y al mandato de no gastar más de lo que se recauda, pero que no practica la crueldad mileista para con los trabajadores públicos.

La masa de agentes estatales de Corrientes podrá enfrentar la estrechez de un tiempo dominado por las políticas especulativas que priorizan los intereses concentrados, pero cuenta con un reaseguro provincial que no los deja caer a la base de la pirámide distributiva.

Dicho de otro modo, la gestión local se cuidó de no reproducir en el pago chico el clima de orfandad promovido por el presidente Javier Milei en pos de una finalidad que el propio mandatario anunció antes de ser votado, en 2023: desmotivar a los agentes públicos, pisar sus sueldos, mantenerlos por debajo de la línea de pobreza, desgastarlos moralmente y, finalmente, inducirlos a buscar una salida en el sector privado, donde cunden la informalidad, la autoexplotación y el sobreempleo.

Como si fuera una pandemia recesiva, en el orden nacional rige esa nueva normalidad. Allí el Gobierno Nacional suprime el incentivo docente, desfinancia a la educación, lima el presupuesto universitario y busca controlar la inflación por medio de una ola importadora que mata la industria nacional a la vez que achata los salarios para que la gente compre menos. Y si el consumidor compra menos, los precios bajan producto de un artificio llamado deflación. 

Así las cosas, estamos siendo testigos de la evaporación de los principios de dignidad humana surgidos con el contrato social de Rousseau, según el cual los ciudadanos ceden parte de su libertad a un Estado cuyo gobierno, legitimado por el apoyo de las mayorías, toma decisiones en función de la voluntad general.

Ese pacto de convivencia comenzó a quebrarse con las ideas ultraliberales que buscan reducir costos laborales sin apelar a los medios tecnológicos o a la creatividad relacional. Simplemente, se limitan a la mutilación de derechos para hacer tabula rasa con la promesa de un nuevo país en el que cada uno ganará lo que deba, según sus habilidades, sus talentos y sus aptitudes, sin contemplar el punto de partida que diferencia al nacido en una villa del nacido en un country.

El modelo olvida la enseñanza inmemorial de que nadie se salva solo, un principio que, al menos en Corrientes, se mantiene vigente y se pone en práctica cada vez que la cadena de pagos se activa con los sueldos acreditados desde el día 25. Y eso no es poco.

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