Un grupo de estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) desarrolló una fertilizadora localizada y de precisión orientada a frutales del NEA, con el objetivo de optimizar una tarea clave en la producción citrícola. El proyecto fue presentado como trabajo final de graduación por Leonardo Borzatto, Milton Matijasevic y Federico Burghardt, quienes lograron diseñar, modelar y validar técnicamente un equipo capaz de mejorar la eficiencia en la aplicación de fertilizantes sólidos granulados.
¿En qué consiste el proyecto?
La innovación surge en un contexto donde la citricultura tiene un peso central en la producción frutícola argentina. Según datos recientes, el sector alcanzó más de 142 mil hectáreas cultivadas y superó los 3,4 millones de toneladas, representando cerca del 66% de la fruta fresca del país. En el NEA, esta actividad depende del uso de macronutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio, generalmente aplicados mediante fertilizantes granulados como urea, fosfatos y mezclas NPK, cuyo manejo requiere precisión para evitar pérdidas y maximizar el rendimiento.
El problema, según explicaron los autores, radica en las limitaciones de los sistemas actuales. Por un lado, las máquinas convencionales distribuyen el fertilizante de forma superficial y poco localizada, lo que provoca pérdidas por lixiviación y fomenta el crecimiento de malezas. Por otro, la aplicación manual —aún muy extendida en la región— implica altos costos laborales, mayor tiempo de trabajo y una dosificación poco uniforme. Frente a este escenario, el nuevo equipo busca combinar la precisión del método manual con la eficiencia de un sistema mecanizado.
El prototipo fue desarrollado mediante software de diseño asistido en 3D y sometido a simulaciones estructurales que validaron su funcionamiento en condiciones reales de campo. La máquina permite aplicar el fertilizante directamente en la zona de influencia radicular del árbol, evitando la dispersión lateral y mejorando la absorción de nutrientes. Además, su diseño contempla la posibilidad de adaptarse a otros cultivos frutales como palta, mango, pecán y durazno, ampliando su alcance productivo.
¿Qué hay de los costos?
Desde el punto de vista económico, el análisis comparativo arrojó resultados contundentes. Mientras que la aplicación manual requiere al menos ocho operarios, el uso de la fertilizadora reduce ese número a dos personas, manteniendo el mismo rendimiento de trabajo de 2,5 hectáreas por hora. Esto se traduce en un ahorro significativo en costos de mano de obra, estimado en más de 150 mil pesos diarios. En un período de uso de 90 días al año, la diferencia acumulada supera los 10 mil dólares.
El costo de fabricación del equipo ronda los 21.900 dólares, lo que permite proyectar un período de amortización cercano a los dos años, incluso considerando un uso moderado. Esta relación entre inversión y ahorro posiciona al desarrollo como una alternativa viable para productores y prestadores de servicios agrícolas, en línea con los principios de la agricultura de precisión.
Más allá del resultado técnico, el proyecto pone en valor el rol de la formación universitaria en la generación de soluciones concretas para el sector productivo. Aunque no todos los trabajos finales llegan a implementarse, este desarrollo demuestra potencial real de transferencia tecnológica, con impacto directo en la eficiencia, la sustentabilidad y la competitividad de las economías regionales del noreste argentino.