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SIBO: qué es, por qué ocurre y cuáles son los síntomas

Esta afección puede causar hinchazón, gases y diarrea. 

Por El Litoral

Jueves, 08 de enero de 2026 a las 11:59

Según Mayo Clinic, reconocer sus señales a tiempo es clave para un tratamiento efectivo.Millones de personas conviven a diario con molestias digestivas, hinchazón abdominal o fatiga sin saber que detrás de esos síntomas podría ocultarse un trastorno subdiagnosticado: el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO).

Aunque su presencia resulta más frecuente de lo que se cree, la mayoría de los afectados desconoce que padece esta alteración de la microbiota intestinal, lo que retrasa el acceso a un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Según Mayo Clinic y la divulgadora científica Yolanda Vázquez Mazariego consultada por Prevention, identificar el SIBO a tiempo es fundamental para prevenir complicaciones que pueden ir desde deficiencias nutricionales hasta alteraciones metabólicas de gravedad.

¿Qué ocurre en el intestino delgado con SIBO?
SIBO se caracteriza por un aumento anormal de bacterias en el intestino delgado, una sección del aparato digestivo en la que normalmente la población bacteriana permanece limitada.

El equilibrio depende del movimiento intestinal, la función de la bilis y las contracciones peristálticas que impiden la colonización excesiva. Mayo Clinic indica que intervenciones quirúrgicas como el bypass gástrico, enfermedades metabólicas y procesos inflamatorios pueden alterar esos mecanismos, permitiendo la proliferación bacteriana y el consiguiente desequilibrio.

En declaraciones recogidas por Mayo Clinic, se detalla que el SIBO puede aparecer tras resecciones intestinales o en personas con diabetes, esclerodermia o enfermedad de Crohn, condiciones en las que el sistema de defensa intestinal queda debilitado.

Vázquez Mazariego añade que el exceso de bacterias modifica la digestión y la absorción, afecta el trabajo de las enzimas digestivas y produce compuestos que irritan la mucosa del intestino, generando así una variedad de síntomas.

Síntomas y factores de riesgo
Entre los síntomas más comunes, tanto Mayo Clinic como Vázquez Mazariego mencionan hinchazón abdominal, dolor recurrente, diarrea y sensación de plenitud temprana, acompañados en ocasiones de náuseas, pérdida de apetito, fatiga y reducción involuntaria de peso. En ciertos casos, se presentan alteraciones del estado de ánimo, dificultades cognitivas y signos visibles de malnutrición.

Las personas que han sido sometidas a cirugías abdominales, especialmente bypass gástrico o gastrectomía, presentan un riesgo incrementado, según Mayo Clinic.

Otras condiciones predisponentes incluyen enfermedad de Crohn, adherencias posquirúrgicas, radioterapia abdominal, diabetes y trastornos del tránsito intestinal. Vázquez Mazariego advierte que los antecedentes de obstrucciones y el uso prolongado de antibióticos también contribuyen a la aparición del SIBO, ya que debilitan los mecanismos defensivos naturales.

Las consecuencias del SIBO van más allá de las molestias digestivas. Mayo Clinic detalla que la mala absorción causada por el exceso de bacterias impide la correcta asimilación de grasas, carbohidratos y proteínas, y genera deficiencias de vitaminas A, D, E, K y B12. Estas carencias pueden derivar en anemia, debilidad muscular, daño neurológico, formación de cálculos renales y aumento del riesgo de osteoporosis en casos crónicos.

Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico del SIBO exige pruebas específicas para diferenciarlo de otras enfermedades del aparato digestivo. Vázquez Mazariego explica que el test de aliento con lactulosa o glucosa es actualmente el método más empleado, ya que identifica los gases generados por la fermentación anómala. Esta técnica, según la especialista, permite orientar el tratamiento y descartar patologías similares.

El abordaje terapéutico se basa en la administración de antibióticos dirigidos a reducir la carga bacteriana y restablecer el equilibrio de la microbiota, un procedimiento que requiere la selección cuidadosa del fármaco y la duración del tratamiento según la evolución del paciente, tal como subrayan tanto Mayo Clinic como Vázquez Mazariego.

El tratamiento se complementa con una dieta personalizada supervisada por profesionales de la salud, que ayuda a evitar recaídas y mejora la absorción de nutrientes. En algunos casos, se añaden probióticos o suplementos, siempre bajo supervisión médica.

Debido a la complejidad del SIBO y al riesgo de complicaciones, Mayo Clinic recomienda un control médico periódico. El seguimiento permite ajustar el tratamiento, evaluar la evolución y prevenir secuelas. La colaboración entre gastroenterólogos, nutricionistas y otros especialistas resulta esencial para garantizar una atención adaptada a las necesidades de cada paciente.

La atención individualizada y la detección precoz son factores determinantes para mitigar los daños asociados al SIBO y mejorar el pronóstico.
 

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