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Si te dicen “gorila”

El término “gorila” nació como una autonominación de los antiperonistas en 1955. Luego cambió y fue el término preferido de los peronistas para descalificar a los no peronistas. Hoy, por carácter transitivo, se utiliza para denostar a los que disienten con el gobierno de los Fernández.

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Por Jorge Eduardo Simonetti
Jorgesimonetti.com
Especial para El Litoral

 

“No me importan ellos -dijo Juan-. Me importan mis roces con ellos... Me jode no poder convivir, entendés. No-poder-con-vi-vir. Y esto ya no es un asunto de cultura intelectual, de si Braque o Matisse o los doce tomos o los genes o la archimedusa. Esto es una cosa de la piel y de la sangre.”

Julio Cortázar, 
El examen, 1950

Nuestra jerga política es rica en argentinismos que a través del tiempo han adquirido una carga simbólica potente, con una influencia cultural a veces tanto o más determinante que la realidad misma.
El término gorila es usado hoy por los peronistas (o decir por los kirchneristas) para calificar a los opositores al gobierno peronista (o kirchnerista).
Paradójicamente, la utilización política del término gorila no nació en la vereda peronista como expresión descalificatoria para los de enfrente. Antes bien, fueron los antiperonistas quienes en la década del 50 se autocalificaron con la palabra, como modo de diferenciación cualitativa ante el adversario.
Parodiando a la película “Mogambo” con Clark Gable y Ava Gardner, que sucedía en Africa, el guionista del programa humorístico La Revista Dislocada, Aldo Cammarota, en 1955 utiliza el término en un sketch, en el que había un científico que, ante cada ruido selvático, decía atemorizado: “Deben ser los gorilas, deben ser”.
La expresión se hizo moda popular, y los protagonistas y simpatizantes del golpe de 1955 se calzaron con gusto el mote de “gorilas”. En las elecciones de 1963, el partido de la revolución libertadora llevaba como lema electoral: “Llene el Congreso de gorilas”.
Nace así una de las palabras con mayor peso simbólico en la historia política argentina, que fue mutando en cuanto a su significado, al sentido de su uso y a su aplicación en otros lugares del planeta.
Con el correr de los años ya no fue un término autorreferencial de los antiperonistas, sino lo opuesto, un mote descalificatorio que los peronistas aplicaban a los que no lo eran. También fue usado internamente por el peronismo, cuando los Montoneros, en el acto de Plaza de Mayo del 1° de mayo de 1974, le cantaban a coro a Perón: “¿Qué pasa general que está lleno de gorilas el gobierno popular?”, refiriéndose a los de la derecha peronista encabezada por López Rega.
Su utilización se fue extendiendo a otras partes del planeta, especialmente a América Latina, en la que es empleada como sinónimo de “reaccionario”, “de derecha”, “militarista”, “golpista” o “anticomunista”. En nuestro país, hoy es utilizada para denominar a una persona con postura antiperonista (antikirchnerista).
Si macacos son los adversarios de los gobiernos peronistas, macacos fueron entonces los que se opusieron a Juan Domingo Perón, a Isabel Perón, a Carlos Saúl Menem, a Eduardo Duhalde, a Néstor Kirchner, a Cristina Fernández, a Alberto Fernández.
Entran en el calificativo, tanto los opositores a las políticas neoliberales del gobierno peronista de Carlos Menem, como los contrarios a las gestiones neopopulistas del dúo peronista de los Fernández.
Ahora, si te dicen gorila en la Argentina del cuarto lustro del siglo XXI, además de caracterizarte como adversario de los gobiernos peronistas (o kirchneristas), ¿qué te quieren decir desde el punto de vista del concepto político?
Este articulista ha recibido incontables veces calificativos de “gorila” por sus publicaciones, todas ellas sin un sentido sustancial referidas a la opinión expresada, sino simplemente por ser críticas a medidas de gobiernos kirchneristas.
Entonces, cuando por tus opiniones te dicen gorila, ¿qué te están diciendo? ¿Oligarca, liberal, izquierdista, nacionalista, estatista, progresista, colectivista?
Se dice que el gobierno de Macri fue un “kirchnerismo prolijo” o democrático, por lo que el género político de los gobiernos nacionales del siglo XXI pertenece al “kirchnerismo”, en su versión “prolija” o “desprolija”.
Si vamos al resultado de sus políticas públicas, ni Néstor, ni Macri, ni los Fernández, adoptaron medidas que cambiaran las estructuras económicas y sociales de la Argentina. Los ricos siguieron siendo ricos, los pobres aún más pobres y los de clase media se fueron paulatinamente pauperizando. Un poco más de ayuda social, un poco menos, pero en definitiva casi todo lo mismo.
Por su historia y origen familiar, se supone que Macri hizo lo que se esperaba de él: mantención del status-quo, combinado con ayuda social.
Pero Néstor y Cristina, además de su modo de gestión autoritaria, ¿hicieron algo diferente a Macri? ¿Establecieron una reforma agraria, produjeron la participación de los trabajadores en los beneficios empresariales, distribuyeron la renta de modo más justo desde el punto de vista colectivista? No.
El término gorila, entonces, no representa la opción de ser derechista o izquierdista, nacionalista o globalizador, liberal o progresista, sino simplemente la simpatía o antipatía hacia el gobierno de determinado signo político.
Siempre desdeñé los sentidos de pertenencia que se adquieren por militar en determinada divisa política, los partidos políticos no deben tener adherentes pasionales sino racionales. No son hinchas de una camiseta futbolística, sino de una idea.
Por ello, los términos “correligionario”, “compañero”, “camarada”, no son conceptos políticos, menos aún ideológicos, sino simplemente confieren un sentido de pertenencia sectario que discriminan a los que no pertenecen a la cofradía.
Lo mismo sucede con la palabra que es objeto de este artículo. Gorila no es aquel de tal o cual ideología o pensamiento político, gorila es el que no está de acuerdo “conmigo”, con el gobierno que defiendo, con el gobierno peronista o kirchnerista.
Entonces, argentinos no somos todos, están los compañeros y los que no, los correligionarios y los que no, los camaradas y los que no, los gorilas y los peronistas.
Tengo para mí, de tal modo, que las diferencias políticas argentinas se centran en las opciones culturales, en los estratos sociales, pero sobre todo en los discursos dirigenciales que introducen a la gente en la falsa opción del gorila-no gorila.
El viejo racismo antiperonista, ese de la calificación peyorativa de “cabecitas negras”, fue una consecuencia del discurso político sectario en general, pero especialmente del propio primer Perón, que los dirigió hacia una política clasista que dividió a la sociedad argentina. Hoy no es del todo diferente.
Si seguimos empleando motes discriminadores, racistas, sectarios, que no respondan a la ideología sino a la simpatía o antipatía con determinado gobierno o personalidad política, seguramente seguiremos utilizando pico y pala para profundizar la brecha social, que está peligrosamente cerca del odio y de la discriminación sectaria.
Que no sea “una cosa de la piel y de la sangre” como en el personaje de Cortázar, que gorila sea apenas un insulto sin significado trascendente.

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Si te dicen “gorila”

El término “gorila” nació como una autonominación de los antiperonistas en 1955. Luego cambió y fue el término preferido de los peronistas para descalificar a los no peronistas. Hoy, por carácter transitivo, se utiliza para denostar a los que disienten con el gobierno de los Fernández.

Por Jorge Eduardo Simonetti
Jorgesimonetti.com
Especial para El Litoral

 

“No me importan ellos -dijo Juan-. Me importan mis roces con ellos... Me jode no poder convivir, entendés. No-poder-con-vi-vir. Y esto ya no es un asunto de cultura intelectual, de si Braque o Matisse o los doce tomos o los genes o la archimedusa. Esto es una cosa de la piel y de la sangre.”

Julio Cortázar, 
El examen, 1950

Nuestra jerga política es rica en argentinismos que a través del tiempo han adquirido una carga simbólica potente, con una influencia cultural a veces tanto o más determinante que la realidad misma.
El término gorila es usado hoy por los peronistas (o decir por los kirchneristas) para calificar a los opositores al gobierno peronista (o kirchnerista).
Paradójicamente, la utilización política del término gorila no nació en la vereda peronista como expresión descalificatoria para los de enfrente. Antes bien, fueron los antiperonistas quienes en la década del 50 se autocalificaron con la palabra, como modo de diferenciación cualitativa ante el adversario.
Parodiando a la película “Mogambo” con Clark Gable y Ava Gardner, que sucedía en Africa, el guionista del programa humorístico La Revista Dislocada, Aldo Cammarota, en 1955 utiliza el término en un sketch, en el que había un científico que, ante cada ruido selvático, decía atemorizado: “Deben ser los gorilas, deben ser”.
La expresión se hizo moda popular, y los protagonistas y simpatizantes del golpe de 1955 se calzaron con gusto el mote de “gorilas”. En las elecciones de 1963, el partido de la revolución libertadora llevaba como lema electoral: “Llene el Congreso de gorilas”.
Nace así una de las palabras con mayor peso simbólico en la historia política argentina, que fue mutando en cuanto a su significado, al sentido de su uso y a su aplicación en otros lugares del planeta.
Con el correr de los años ya no fue un término autorreferencial de los antiperonistas, sino lo opuesto, un mote descalificatorio que los peronistas aplicaban a los que no lo eran. También fue usado internamente por el peronismo, cuando los Montoneros, en el acto de Plaza de Mayo del 1° de mayo de 1974, le cantaban a coro a Perón: “¿Qué pasa general que está lleno de gorilas el gobierno popular?”, refiriéndose a los de la derecha peronista encabezada por López Rega.
Su utilización se fue extendiendo a otras partes del planeta, especialmente a América Latina, en la que es empleada como sinónimo de “reaccionario”, “de derecha”, “militarista”, “golpista” o “anticomunista”. En nuestro país, hoy es utilizada para denominar a una persona con postura antiperonista (antikirchnerista).
Si macacos son los adversarios de los gobiernos peronistas, macacos fueron entonces los que se opusieron a Juan Domingo Perón, a Isabel Perón, a Carlos Saúl Menem, a Eduardo Duhalde, a Néstor Kirchner, a Cristina Fernández, a Alberto Fernández.
Entran en el calificativo, tanto los opositores a las políticas neoliberales del gobierno peronista de Carlos Menem, como los contrarios a las gestiones neopopulistas del dúo peronista de los Fernández.
Ahora, si te dicen gorila en la Argentina del cuarto lustro del siglo XXI, además de caracterizarte como adversario de los gobiernos peronistas (o kirchneristas), ¿qué te quieren decir desde el punto de vista del concepto político?
Este articulista ha recibido incontables veces calificativos de “gorila” por sus publicaciones, todas ellas sin un sentido sustancial referidas a la opinión expresada, sino simplemente por ser críticas a medidas de gobiernos kirchneristas.
Entonces, cuando por tus opiniones te dicen gorila, ¿qué te están diciendo? ¿Oligarca, liberal, izquierdista, nacionalista, estatista, progresista, colectivista?
Se dice que el gobierno de Macri fue un “kirchnerismo prolijo” o democrático, por lo que el género político de los gobiernos nacionales del siglo XXI pertenece al “kirchnerismo”, en su versión “prolija” o “desprolija”.
Si vamos al resultado de sus políticas públicas, ni Néstor, ni Macri, ni los Fernández, adoptaron medidas que cambiaran las estructuras económicas y sociales de la Argentina. Los ricos siguieron siendo ricos, los pobres aún más pobres y los de clase media se fueron paulatinamente pauperizando. Un poco más de ayuda social, un poco menos, pero en definitiva casi todo lo mismo.
Por su historia y origen familiar, se supone que Macri hizo lo que se esperaba de él: mantención del status-quo, combinado con ayuda social.
Pero Néstor y Cristina, además de su modo de gestión autoritaria, ¿hicieron algo diferente a Macri? ¿Establecieron una reforma agraria, produjeron la participación de los trabajadores en los beneficios empresariales, distribuyeron la renta de modo más justo desde el punto de vista colectivista? No.
El término gorila, entonces, no representa la opción de ser derechista o izquierdista, nacionalista o globalizador, liberal o progresista, sino simplemente la simpatía o antipatía hacia el gobierno de determinado signo político.
Siempre desdeñé los sentidos de pertenencia que se adquieren por militar en determinada divisa política, los partidos políticos no deben tener adherentes pasionales sino racionales. No son hinchas de una camiseta futbolística, sino de una idea.
Por ello, los términos “correligionario”, “compañero”, “camarada”, no son conceptos políticos, menos aún ideológicos, sino simplemente confieren un sentido de pertenencia sectario que discriminan a los que no pertenecen a la cofradía.
Lo mismo sucede con la palabra que es objeto de este artículo. Gorila no es aquel de tal o cual ideología o pensamiento político, gorila es el que no está de acuerdo “conmigo”, con el gobierno que defiendo, con el gobierno peronista o kirchnerista.
Entonces, argentinos no somos todos, están los compañeros y los que no, los correligionarios y los que no, los camaradas y los que no, los gorilas y los peronistas.
Tengo para mí, de tal modo, que las diferencias políticas argentinas se centran en las opciones culturales, en los estratos sociales, pero sobre todo en los discursos dirigenciales que introducen a la gente en la falsa opción del gorila-no gorila.
El viejo racismo antiperonista, ese de la calificación peyorativa de “cabecitas negras”, fue una consecuencia del discurso político sectario en general, pero especialmente del propio primer Perón, que los dirigió hacia una política clasista que dividió a la sociedad argentina. Hoy no es del todo diferente.
Si seguimos empleando motes discriminadores, racistas, sectarios, que no respondan a la ideología sino a la simpatía o antipatía con determinado gobierno o personalidad política, seguramente seguiremos utilizando pico y pala para profundizar la brecha social, que está peligrosamente cerca del odio y de la discriminación sectaria.
Que no sea “una cosa de la piel y de la sangre” como en el personaje de Cortázar, que gorila sea apenas un insulto sin significado trascendente.