El mundo ofrece una gran variedad de ecosistemas en los que desconectar de todo y entregarnos a las manos de la madre naturaleza. Muchos de ellos aparecen en los folletos turísticos de un sinfín de agencias, pero aún quedan otros tesoros que gozan de cierto secretismo.
Hay destinos de naturaleza que la gente no suele tener en mente. Parques nacionales, bosques, lagos y montañas que están fuera del radar, pero que son igual de buenos (si no mejores) que otros a los que suele viajar todo el mundo.
Estambul
Parque Nacional de Dajti en Tirana, Albania
Unos 25 km al este de Tirana se encuentra el Parque Nacional Dajti, el cual tiene como protagonista a una de las montañas más accesibles de Albania. Aunque para los extranjeros puede ser uno de los mejores destinos de naturaleza por descubrir, esta montaña lleva sirviendo como espacio de recreo y despresurización a los habitantes de la capital albanesa desde hace décadas.
La gente de Tirana toma un teleférico para, tras un viaje de un cuarto de hora, llegar a la parte alta de la elevación. Allí hacen picnics, los niños juegan y se puede disfrutar de una excelente panorámica de la ciudad. Para buscar la verdadera belleza natural de este parque nacional es necesario dejar atrás esta concurrida zona e internarse en los valles y laderas.
Será entonces cuando encuentres una interesante red de senderos que te lleve a explorar zonas cubiertas por bosques de pinos, robles y hayas, y mantos de flores silvestres. En cuanto a la fauna, si caminas con sigilo, quizá puedas toparte con algunos gatos monteses, osos pardos, liebres europeas, lobos y zorros. Si buscas probar otro tipo de experiencias al aire libre, también podrás contratar excursiones a caballo o realizar un recorrido en bicicleta de montaña.
Edimburgo
Lago Ness y Parque Nacional Cairngorms en Inverness, Escocia
Aunque hay que reconocer que el lago Ness es un lugar archiconocido en el mundo, lo cierto es que la mayoría de gente que lo visita solo permanece en él unas horas. Sin embargo, a menos de 60 km del hogar del popular “Nessie”, se encuentra el Parque Nacional Cairngorms, uno de los mejores atractivos naturales de las Tierras Altas de Escocia.
La primera parada de tu viaje te llevará a conocer el lago Ness. Este oscuro espejo de agua posee una gran profundidad – supera los 200 metros – y es el de mayor volumen del país. El paisaje que lo rodea es especialmente salvaje y verde, salpicado tan solo por algunos pueblos adormecidos y las ruinas del castillo de Urquhart, una pequeña fortaleza del siglo XIII que fue incendiada por los ingleses en 1692.
La actividad más habitual en el lago Ness es tomar un barco para surcar sus aguas con la esperanza de ver asomar la cabeza de su inquilino más famoso: el monstruo «Nessie». ¡Quizá tengas suerte!
En cuanto al Parque Nacional Cairngorms, te aconsejamos que reserves al menos 2 o 3 días para explorar sus montañas, senderos forestales, lagos, ríos, pueblos con encanto y destilerías. Te damos un dato que te puede dar una idea de la belleza del lugar: el parque alberga cinco de las seis montañas más altas del Reino Unido. Auténtico paisaje escocés escondido en el anonimato.
Copenhague
Parque Nacional Peneda-Gerês en Oporto, Portugal
En el noroeste de Portugal se encuentra uno de los mejores destinos de naturaleza por descubrir. Se trata del parque nacional Peneda-Gerês. Su extensión es bastante considerable – algo más de 700 kilómetros cuadrados –, por lo que necesitarás al menos 3 o 4 días para explorarlo a fondo.
Al hacerlo, encontrarás una grata recompensa en forma de sinuosas cordilleras montañosas, numerosos ríos, cascadas, lagunas, bosques y pequeños pueblos en los que parece haberse detenido el tiempo. Una completa red de senderos te permite realizar un sinfín de rutas de distintas distancias y niveles de exigencia.
La mejor época para disfrutar de toda la belleza natural del Parque Nacional Peneda-Gerês es durante la primavera – cuando los mantos de flores cubren los valles y los ríos fluyen con un denso caudal – y a principios de otoño, cuando las temperaturas aún son agradables y los bosques se tiñen con una llamativa miríada de tonos rojizos, anaranjados y ocres.
En verano hace demasiado calor, pero puedes darte un buen baño refrescante en numerosas lagunas, cascadas y playas fluviales (como las de Ilha do Gerês, da Ribeira o do Bar). Además, se puede visitar los pueblos de Vila do Gerês, Cabreiro y Lindoso, y, si quieres relajarte, no dejes de probar las aguas termales de las Termas do Gerês.
Islas de Gotemburgo,
en Suecia
La ciudad de Gotemburgo es la segunda más poblada de Suecia. Sin embargo, cerca de ese núcleo urbano habitado por casi 600.000 personas, se halla uno de los mejores destinos de naturaleza por descubrir en Europa. Se trata de un bello archipiélago compuesto por algo más de una veintena de islas clasificadas en dos zonas: norte y sur.
Se pueden visitar durante todo el año y en ellas hay algo para cada tipo de viajero. Si no dispones de demasiado tiempo, es mejor centrarse en las islas del sur, pues están más cerca del puerto de origen. Además, en ellas no se puede circular en coche, añadiendo un punto de relajación y naturaleza a la experiencia. Sin embargo, las del norte también poseen un aspecto muy positivo: están mucho menos masificadas.
La isla de Donsö es una de las más grandes del sur. Sube a lo alto de la colina Radarberget y disfrutarás de una maravillosa vista de todo el archipiélago. También en el sur, la pequeña ínsula de Knarrholmen ofrece tranquilas playas donde bañarte y relajarte.
De las islas del norte, cabe destacar la belleza natural de Hyppeln y Kalvsund, mientras que en Hälsö podrás encontrar los restos de antiguos campamentos pesqueros temporales. Dar un paseo en barco, relajarte en la playa, bañarte o cuidarte en centros de spa son algunas de las mejores cosas que podrás hacer en el archipiélago de Gotemburgo.
Ginebra
Bosques y fauna europea en el monte Vitosha en Sofía, Bulgaria
Justo a las afueras de Sofía – a tan solo 15 km del centro – se encuentra el monte Vitosha, cuya cima se eleva casi 2.300 metros sobre el nivel del mar. El Parque Natural de Vitosha presenta unas 26.000 hectáreas y da cobijo a dos reservas de la biosfera, Bistrichko Branishte y Torfeno Branishte, en las que se pueden admirar especies de fauna y flora autóctonas de la zona.
No en vano, Vitosha es el parque natural más antiguo de los Balcanes, siendo fundado en 1934. La montaña está considerada como el pulmón verde de la capital búlgara, y sirve de refugio cuando aprieta el calor veraniego. La gente local la aprovecha para salir a hacer rutas en bicicleta o a pie, mientras que en invierno llegan a esquiar.
Explorando sus numerosos senderos – hay rutas accesibles hasta en invierno – encontrarás bosques de hayas, robles, fresnos, pinos y abetos. Si te gustan las aves, aquí podrás contemplar, entre otras especies, azores, águilas y cigüeñas negras.
En cuanto a los mamíferos, no es extraño ver ciervos, lobos, zorros, martas e, incluso, algún oso. La parte del parque más rica en fauna es la región kárstica de Bosneshki. Además, también hay ríos, cascadas y cuevas, incluyendo la de Duhlata, que con sus 17 km de galerías es la más grande de Bulgaria y atrae a espeleólogos de toda Europa.