La 35ª Fiesta Nacional del Chamamé, realizada en el Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola, dejó una edición atravesada no solo por la música y el baile, sino también por controversias que generaron debate entre artistas, público y organización.
A lo largo de las diez noches se sucedieron episodios vinculados a la identidad del género, la programación artística, la logística y las condiciones de participación de los músicos.
Cuestionamientos a la presencia de otros ritmos en el escenario mayor
Uno de los ejes de discusión estuvo centrado en la incorporación de expresiones musicales ajenas al chamamé dentro de la grilla. Referentes del género manifestaron públicamente su desacuerdo, al considerar que la Fiesta debe priorizar y resguardar la identidad chamamecera.
Las críticas apuntaron a la necesidad de preservar el perfil cultural del evento y a evitar mezclas que, según algunas voces, desdibujan el sentido original de la fiesta. El debate generó repercusión tanto entre músicos como en el público, con posturas encontradas.
La noche que generó polémica fue la presentación de Los Nocheros, quienes no tocaron ni una sola pieza chamamecera, lo que despertó la reacción de todos. En un evento de este calibre, es una regla que quienes se suben al escenario de la fiesta deben superar el desafío de tocar chamamé. Este no fue el caso. La polémica abrió una grieta entre quienes se cierran en tener una fiesta netamente chamamecera y quienes piden variedad de géneros.
Hacinamiento y condiciones del predio
Otra de las situaciones que generó repercusión fue el hacinamiento registrado en una de las jornadas, cuando el anfiteatro se vio colmado por la asistencia de espectadores.
Si bien el espectáculo logró sostener el clima festivo, el episodio volvió a poner en agenda la discusión sobre la capacidad del predio y las condiciones de seguridad y comodidad para el público.
Es sabido que durante las noches que declararon "sold out" muchos quedaron fuera del predio con su entrada en la mano debido a que las puertas se cerraban por la gran cantidad de personas.
El espectáculo se sobrevendió, al punto tal que la transitabilidad en el predio del anfiteatro era dificultosa, los baños se encontraban desbordados y el acceso a la zona gastronómica era dificultoso y con tiempos de espera largos.
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El descargo de Tupa Noy contra la organización
Uno de los reclamos más contundentes llegó desde el grupo Tupa Noy, que realizó un fuerte descargo público contra la organización de la fiesta. El planteo estuvo vinculado a problemas logísticos y de acceso al predio, además de cuestionamientos al horario asignado para su presentación, que quedó fuera de la transmisión oficial.
Desde el conjunto señalaron que la situación fue vivida como un destrato y expusieron la necesidad de revisar los criterios organizativos para garantizar condiciones equitativas a los artistas participantes.
El “choque de rituales” en la séptima noche
La séptima luna del chamamé fue escenario de un episodio que generó debate cultural.
Una puesta en escena con elementos rituales provocó una disonancia entre el chamamé y el carnaval jujeño, representado por Los Tekis. Esto reavivó la discusión sobre la convivencia de distintas expresiones simbólicas dentro de una fiesta que reivindica sus raíces musicales.
El momento fue interpretado de maneras disímiles y abrió un intercambio de opiniones sobre los límites entre la tradición, la experimentación y el respeto por las distintas miradas culturales.
Pese a hacer un homenaje a clásicos litoraleños, los jujeños mantuvieron el espectáculo con su impronta. Pero esto no hizo mella en el público, que en otra noche de localidades agotadas acompañó cada tema de Los Tekis.
Una vez más, la recaudación y el interés del público que compró todos los tickets disponibles determinaron que aquella noche fuera un éxito.
La ausencia de Fuelles Correntinos en la octava jornada
En la octava noche se produjo la no presentación de Fuelles Correntinos, que decidió no subir al escenario tras no alcanzar un acuerdo con la organización respecto al horario asignado.
Desde el grupo explicaron que la franja propuesta no se correspondía con su trayectoria ni con el vínculo construido con su público.
La decisión sumó un nuevo capítulo a las críticas sobre la planificación de la grilla artística y el trato a los músicos.
Un debate abierto sobre identidad y organización
Las distintas polémicas que atravesaron la Fiesta Nacional del Chamamé pusieron en evidencia tensiones vinculadas a la identidad cultural del evento, la organización interna y la relación con los artistas.
Más allá del desarrollo artístico, la edición dejó planteados debates que son señal de un género que está más vivo que nunca, que convive en un mundo de constantes cambios y donde la música se reinventa en todo momento.
Es evidente que las discusiones surgidas en esta edición deben ser tratadas, de manera tal que 2027 presente una fiesta con un mensaje superador, que atienda a las necesidades de los artistas y donde el público pueda disfrutar al máximo las instalaciones del anfiteatro Cocomarola.
El éxito de la fiesta no se discute, es un hecho mesurable y sin lugar a dudas, solamente se deben enfocar esfuerzos en superarse año tras año.